Que la gente del aula también responda desde su teléfono
Si en el aula se contesta en voz alta y la mitad a distancia escribe, has reconstruido las dos categorías con pasos de más. Todos responden en el mismo sitio, incluido el alumno que se sienta a dos metros de ti.
Lee los resultados en voz alta, no los dejes solo en pantalla
Una pantalla compartida llega tarde, pequeña o directamente no llega a quien está a distancia con un teléfono. Decir qué muestran los números cuesta diez segundos y es la única versión que reciben todos.
Mira el contador de respuestas, no solo las respuestas
El recuento frente a la gente conectada es tu señal de asistencia para un grupo que no ves. Un recuento que baja entre la segunda pregunta y la cuarta merece que pares; las respuestas por sí solas no te lo van a decir.
Lee una pregunta escrita antes de responderla
Si no, el aula solo oye tu respuesta y quien preguntó no tiene forma de saber que se le escuchó. Leerla en voz alta también evita que la suavices hasta convertirla en la pregunta que habrías preferido.
Deja una pregunta abierta durante el descanso
Quien está a distancia compone la pregunta de verdad cuando ya nadie lo mira, que suele ser varios minutos después del momento en que habría levantado la mano. Algo que siga abierto cuando llegue ahí la recoge.