¿Cómo te sientes con el trimestre que acabamos de cerrar?
Un toque, sin pensar y sin exponer a nadie. Una primera pregunta que cuesta algo es una primera pregunta que media sala se salta.
Escribe una frase sobre la reunión —«una retro de 45 minutos con ocho personas de ingeniería después de un trimestre difícil»— y recibes un guion: las preguntas, en el orden en que conviene hacerlas, cada una preparada con el tipo que le va. Se abre como una sesión más, lista para editar, y hasta que no la inicias en la sala no aparece nada.
Lo que hace bien es el orden. Delante de una lista vacía, casi todo el mundo escribe seis preguntas de opción múltiple y pone la más difícil la primera, que es la forma más rápida de que una sala deje de responder. Lo que no sabe hacer es conocer tu organización: no ha visto a tu equipo, ni tu última sesión, ni tus números, y no se los va a inventar, así que con una descripción pobre te da una sesión general y razonable en vez de una equivocada y muy segura de sí misma. Tampoco escribe diapositivas. Uvofy no hace diapositivas; hace las preguntas que se hacen entre una y otra.
Cada pregunta llega con el suyo, elegido entre los seis: valoración, nube de palabras, opción múltiple, orden, texto abierto y concurso. Un guion de seis preguntas de opción múltiple es un mal guion, y está hecho para no darte uno.
Cuarenta y cinco minutos con ocho personas son cinco preguntas, con tiempo para hablar de cada una. Los mismos cuarenta y cinco con doscientas son casi el doble, porque doscientas personas no pueden comentar nada.
La primera se responde de un toque. El dato fácil, pronto. La pregunta que pide sinceridad, en la segunda mitad, cuando la sala ya respondió algo y vio que nada lleva nombre. El texto abierto, tarde. Y un cierre que mira hacia delante.
Las preguntas, las opciones y las etiquetas de las escalas se escriben en el idioma de tu cuenta, y la sesión que crea se dirige también en ese idioma. No preguntas en inglés encima de una pantalla traducida.
La descripción: una retro de 45 minutos con ocho personas de ingeniería después de un trimestre difícil. Ocho personas comentan cada respuesta, así que cuarenta y cinco minutos son cinco preguntas, no doce. Vuelve algo así.
Un toque, sin pensar y sin exponer a nadie. Una primera pregunta que cuesta algo es una primera pregunta que media sala se salta.
Pronto, mientras responder todavía sale barato. Además te deja las palabras de la propia sala para usarlas el resto de la hora.
El dato del medio. Puede responderla cualquiera, y pone un número debajo de lo que la gente ya decía por los pasillos.
Tarde, porque es la que más cuesta responder. A estas alturas la sala ha visto pasar tres preguntas sin un solo nombre.
Cierra mirando hacia delante. Ordenar cierra una retro mejor que votar, porque te dice qué dejaría fuera la gente además de qué quiere.
Las dos cosas cambian lo que vuelve. Ocho personas hablan de cada respuesta, así que reciben menos preguntas y más abiertas; doscientas reciben más de las de un toque.
«Segunda semana de incorporación, doce personas nuevas, casi ninguna de perfil técnico» da un guion mucho mejor que «cinco preguntas sobre el producto».
Se abre listo para editar. Quita la pregunta que no encaja, reescribe la que casi encaja, sube alguna. Y si prefieres empezar de cero, cambia la descripción y genera otra vez: caben tres intentos por minuto. Que te escribamos el guion es parte del plan de pago; lo que hagas después con las preguntas, no.
Una frase, y en vez de una lista vacía ya estás editando un guion.
Opción múltiple, escalas y orden, desde cualquier teléfono.
Con tiempo, puntos y clasificación entre rondas.
La sala escribe las preguntas y vota cuáles importan.
Una pregunta abierta y todas las respuestas en una imagen.
Seis tipos de pregunta seguidos, respondidos en la sala.
Una presentación que la sala responde, pregunta a pregunta.