Pon el código en pantalla antes de decir nada
El código es el rompehielos. La gente saca el teléfono, teclea las siete cifras y ya está participando antes de que caiga la primera pregunta. Explicar primero el ejercicio y pedirles después que entren tira por la borda ese arranque.
Empieza por una palabra, no por un párrafo
La primera pregunta fija cuánto esfuerzo parece normal. Pide una frase y media sala decide que no le compensa. Pide una palabra y responde todo el mundo, que es lo que buscabas: las respuestas importan mucho menos que el hecho de que llegaron todas.
Haz una pregunta tonta antes de una de verdad
Playa o montaña no es el objetivo. Es el ensayo. Una sala que ya ha respondido algo inofensivo responde la pregunta honesta treinta segundos después; una sala que no, no.
Di algo sobre el resultado
La peor versión de esto es una nube de palabras que aparece y que nadie comenta. Lee una palabra en voz alta, o señala el reparto y di qué te dice. Son veinte segundos, y son la diferencia entre un rompehielos y un trámite que nadie entendió para qué era.
Que sea anónimo, sobre todo en un congreso
No hay que iniciar sesión y ninguna respuesta lleva el nombre de quien la mandó. Por eso la pregunta de la energía recibe un número honesto: una sala de desconocidos sí te dice que llega sin gasolina, y no te lo diría con su nombre encima. Y si para el concurso pides un nombre —que hay que activarlo antes de que entre nadie, porque se pide al entrar—, ese nombre aparece junto a una puntuación en la clasificación y en ningún otro sitio: sigue sin haber forma de ver quién respondió qué.