Escribe primero las respuestas erróneas
La nota no te dice casi nada; qué respuesta errónea gana te lo dice todo. Haz que cada distractor sea un error real que le hayas oído a alguien, y una pregunta fallada se convierte en un malentendido con nombre contra el que enseñar la próxima vez.
No puntúes a nadie antes de haberle enseñado
Abre con la pregunta sin puntuar, no con el concurso. Una clasificación en los primeros cinco minutos le enseña a la sala que responder es arriesgado, y te pasarás el resto del día mirando datos muy prudentes.
Deja tiempo en el plan para volver a explicar
Si un tercio de la sala falla la comprobación y aun así pasas a la siguiente diapositiva, les has enseñado que las preguntas son decoración y dejarán de responder en serio. Deja cinco minutos en el plan para reexplicar, y úsalos delante de ellos.
Repite la pregunta de apertura al cerrar
La misma pregunta de seguridad, con idénticas palabras, en los dos últimos minutos. Un número es una opinión; el mismo número dos veces es un cambio, y cuesta treinta segundos recogerlo.
Y vuelve a mandarla seis semanas después
Manda las mismas dos o tres preguntas como una sesión de dos minutos uno o dos meses más tarde. La respuesta del mismo día mide en parte la buena voluntad de una sala que acaba de comer; la de las seis semanas habla del trabajo, y es la que sí leerá quien controla el presupuesto.
Di en voz alta que las respuestas son anónimas
Nadie reconoce que no se ha enterado delante de su responsable, y en la mayoría de las salas de formación el responsable está presente. Si la gente cree que una respuesta errónea puede rastrearse hasta ellos, estás midiendo su prudencia y no lo que han entendido.